jueves, 18 de noviembre de 2010

Ese revoltijo de flores marchitas y yuyos verdes que se hace llamar adultez

Y va llegando, como agazapado, el momento de pensar en estas cosas, de cambiar la piel o de inventar – uff – nuevas esperanzas. Así es como de pronto te ves transformada en una mujer moderada, con desfasajes ocasionales, pero esencialmente ubicada, con aspiraciones y parafernalias concretas y la vez tan inmensa de nostalgia que podrías llorar con el solo recuerdo de una tarde de verano.

No sé.

Ayer mi psicóloga sugirió que escribiera de esto, pobre, le quemé la cabeza con la muerte. Ambas sabemos que sublimación nos ahorra un síntoma y que no hay tu tía con tamaño subject.

Estoy así. Me encuentro bastante asustada por los flujos -de cómo llamarle, ¿información? –que se aproximan como en oleadas y penetran en mis neuronas y en mi pecho. Curioso, una se pasa la vida deseando el crecimiento emocional y cuando aparecen las respuestas parece que no se está preparada. Qué decir, soy una histérica.

Es que hoy sé que mi viejo se va a morir y que el tiempo ha pasado. Él mismo me ayudó a descubrirlo ayer - claro que es obvio, pero aprender y aprehender, la h en el medio-. Me encuentro explotada de un sentimiento tan profundo, parecido a la tristeza pero mucho más incatalogable, más abarcativo y espeso. Algo así como imaginar que nos enterábamos de su enfermedad sabiendo lo que hoy sabemos sobre ella, o de vislumbrarme con el semblante de los veinticuatro años pero teniendo doce. Sí, la inmensa e insustituible experiencia de la vida, esa sabiduría que cae sobre lo ya vivido y lo vuelve poco más que una postal. Volver a nacer, esta vez en un mundo más finito, más imperfecto.

Cuando miro fotos viejas en las que estoy, siento lástima por mí. Me veo entrando en la foto, acalorada, aleccionándome desde el futuro, como diciéndome: “hacé tuyo el olor de esas flores de azar, porque el limonero en unos diez años estará muerto. Yo estoy ahí y desde acá tu sonrisa inocente me hace tiritar”. Basura nostálgica por kilo, mil caminos que parecían de cemento y eran hologramas, decepciones.

¿Y qué esperaba yo, entonces? Quizás una corporalidad eterna, la comprensión absoluta de las cosas, esas u otra quimera, da igual, nunca hubiera sido e-xac-ta-men-te eso. Lo cierto es que la brisa de esta tarde en primavera trajo consigo recuerdos y los siento una tumba, yo misma una tumba bajo un cielo lluvioso y gris.

lunes, 19 de julio de 2010

desaparición
horizonte nublado
ruinas
mis segundos no saben dibujarte
mi cotidianeidad te esquiva
y aún así podes aludirte
en la barba de mi papá
en los dientes decadentes
en el cansancio y el placer amontonados
en la historia de las huellas
en el ayer
esa proyección del futuro.
sí, en el borde
por un instante
de esta conciencia edulcorada
que es la vida
de mi vida y la del mundo
me encuentro hoy sintiéndote
en soledad, (siempre voy a estar sola)
por ejemplo al abrir un libro de solfeo
y te observo

verdadera como el tiempo
enredada como el dolor
inexplicable y salada

portadora de la nada
no puedo creer en nadie
como creo en vos
nadie desea con tanta ansias
mis huesos ni mi ser
debería amarte
bendita certeza
solo por serlo por nada menos
y sin embargo te temo
me recordas lo vano del amor
la insignificancia de mis besos
el fin de todas las rutinas.

viernes, 4 de junio de 2010

Plegaria

Quien sabe cuántos enredaderas, cuantos caminos y principios y finales me trajeron hasta vos, yo dubitativo, impermeable, laberíntico y cobarde que te decís mi centro (o mi todo, o mi unidad, o mi individualidad). Oh, vanidoso ego, buscas incansablemente no ser hipócrita y en cambio sos exactamente eso, la hipocresía ideal en tanto buscadora conciente de quimeras, en tanto producto autoproducido de otra cosa, en tanto incapaz de saber qué pasa (mientras sabe que nada pasa, que nunca se llega y que eso quizás es el dolor).
Constante choque de los estímulos a mi piel, incapacidad proporcional de procesarlos como un todo. (Soy permeable al universo y no puedo admitirlo en sociedad). Recuerdos inverosímiles desde el pasado, retratos del tiempo. Estar parada entre una multitud hedionda y recordar, de pronto, que alguna vez el asco no existía, que alguna vez yo era ese hedor sin mí, que no fui parte del elenco de mi transformación. Sentir que todo me desborda, me oscila, y nunca logra tumbarme gracias a las pantallas del mañana. Copia infiel de mí misma: cargar el peso de la inquietud como se carga el molde de la taza del corpiño por sobre las tetas. Maldito y estético yo. Queres ser turgente y catalogable, tener talle y aunque seas (a sabiendas) un autómata innato, nunca dejarás de intentar pertenecerle a la verdad. Ciega máquina del mundo, límite de mi sensibilidad, puerta mal terminada, vana, incapaz de trabar mis adentros, ¿cuando vas a poder definirme? ¿cuándo, convencerme con tus imágenes? Se bien, no oso decírtelo en la cara: me tenés atrapada con tus encantos de línea recta, de inmortalidades y propiedades. Pero hay algunas noches (y estas letras no me dejarán mentir), en que esta contradicción que encarno me importa un bledo, en las que me quema el estómago de tus mentiras, me arden en el corazón tus palabras. Maldito repartidor de la humanidad, divisor inescrupuloso, censor de la singularidad en la tierra, globalizador eterno, organizador de subjetividades, cuánto me gustaría desconocerte íntegro, gritarte tu extranjería, correrte los velos. Ya sé, lo sé. En este juego la única extranjera es mi alma, deportada a los confines del sueño y sus formaciones, condenada a no ver la luz salvo por los resquicios que le dejas, miserable, que no alcanzan a iluminarla (pero mi alma no es poca cosa, y quizás por eso se conforma con todo y no se muere).

miércoles, 28 de abril de 2010

Depilación

En la China y en las Islas Sandwich, nuestra educación sexual sabe perpetrarse por medio de tres vías. No hace falta que sonrían enigmáticamente por más que hayan adivinado que acabo de aludir a Príapo, a Gummo, a Zeus y a Cebita.
Volguemos más cante jondo en las trimentadas vías paralelas del coñito áureo y del miembro, el que se ubica campechanamente, aunque no de una manera pragmática que, justo es decirlo, hubiera sido infalible pero tambíen montaraza, procaz, celeste, bordada a mano, filigranada, de luz natural, soez, carente de las más elementales normas de higiene aptas para los equinoccios, para los soliloquios, bajando un poquito la misma luz natural de ese cuarto amarillo (o no) que llamaba clandestino y en el que reina la murciélaga del lupanar. Esta dama sabe consagrarse a ciertas labores de pacífica penetración a las que ya Leibniz había aludido, y que tanto se asemejan a una manada de gansos pero mexclando los sexos que no son siempre todo lo apretados que se quisiera, en ocasiones aparecen ciertos flecos que conviene suprimir pues aluden al ego.
(Alejandra Pizarnik, "El textículo de la cuestión")

viernes, 16 de abril de 2010

Ritual

Es divertido jugar, sentir que somos una pareja pero qué mentira, a lo sumo uno o muchos, pero nunca dos, nunca separados uno del otro aunque estemos en extremos opuestos en cualquier lugar. Recuerdo que un día te sentaste en mi cama, con esa cara de conejo interior que llevabas puesta, muy hermoso como sólo vos podías ser, alternando sonrisas y abrazos, de acuerdo a donde nos conducían los libros o las paredes de mi pieza. Exististe en mi habitación como un sueño de vigilia. Desde entonces, siempre sucede que al rato nos notamos inquietos, insuficientes en nuestros cuerpos y nos encastramos sin que quede un pedazo de aire en el medio de tu abdomen y el mío. Mas precisamente lo hacemos después de hablar de cosas que se dicen solas, anécdotas, el mundo (que no nos gusta o sí) de tu día y el mío, del dinero o las enfermedades terminales. Una vez que nos unificamos, que nacemos de vuelta, no sabemos bien que decir. Es ahí cuando nuestros ojos hablan, recitan poesías o cuentos maravillosos, explican sustancias indescifrables y oscuras como luces, de esas que cada tanto se ahogan un poco en su propio brillo. Nos indiferenciamos tanto que suelo confundirte conmigo, y llego a sentir (no sin asombro) que soy yo la que se está mirando con tus ojos y me veo brillante y pálida a la vez. Suelo cambiar de tema, un poco encandilada. Llega el glorioso momento entonces, en el que encuentro una excusa, que es tu espalda. La acaricio con mi mano y descubro un cordón montañoso, ondulado, lleno de historias. Me gusta transformarme en arqueóloga y descifrarla, como si buscara entender qué genética pudo hacerla tan a mi medida, que ríos corrieron en otros tiempos y la trasladaron tan cerca de mis sábanas. Lo que sigue es encontrar tu boca. Al principio la muerdo como si fuera un chicle, es divertido iniciar así el ritual. Vos te quejas y en seguida buscas la mía y finalmente aceptamos que eso era lo que queríamos, descansar en nuestros respectivos labios como si fuera un pedazo de tierra vislumbrado desde un horizonte tormentoso. Nuestras lenguas nos purifican y vaya una a saber qué neurotransmisores nos dicen qué cosas, pero todo es colores y ruidos. Me olvido de mi habitación, de vos y de mí, y ya estoy en otro lado, lejos de todo lo que me hace bien o mal. Todo esto porque me mostraste que sos (y acaso fuiste siempre) una parte de mí, que configuras mi alma y que no necesito buscarte. Y es un descubrimiento tan real que tengo que olvidarme de él, cada tanto, para poder, por ejemplo, dormir. En seguida vuelvo a vos y la habitación es una nebulosa, solo un escenario para nuestro cuerpo que se cierra cada vez más en sí mismo. Lo que sigue nunca puedo recordarlo.

domingo, 11 de abril de 2010

Destellos de mi mañana surgidos de vos hacia el sol, en reversa, mi piel acariciándote los dedos, salir al mundo después, recibir el golpe. Quisiera escribir como siento, no recortar ninguna letra, arrojarlas, dejarlas caer confundidas en el cielo. Mi padre me mira los huesos, sus ojos brillan, desaparecen los velos. Afuera existe el orden, el control, también el miedo. Cuando yo lo miro nunca es sencillo verlo, él es tantos y a la vez sólo eso, algunas palabras para expresar todo, líneas, fulgores. El resto, la incomodidad de serme acomodada en un banco de acero, sobrando siempre un poco, aceptando, sonriendo. Las calles tergiversadas me dictan el rumbo, recurrentemente al sur, resbalosas, fieles a sus credos. Y vos otra vez, inédito en mi soledad, imagen de mis imágenes, motor de mis adentros. Destello de mi mañana surgido de tu mano hacia el sol, las sábanas en el estómago sonando, regalos excesos raices cuentos.

jueves, 18 de marzo de 2010

Y al fin llegamos a este lugar rojo que nos mira inmenso de olores.

Cargamos en los hombros la certeza de estar cansadas y divertidas, secretamente en desacuerdo con casi todo.
Existir nos fue diferente a lo que anticipaban los manuales. El mundo, una melodía fuera de tono, descascarada y estéril, con breves períodos de lucidez que por lo general inventamos.

Nuestros invencibles amados caducaron, la responsabilidad incrustada en las neuronas nos lleva de las narices por las avenidas.

Vivir es siempre a las 4 de la mañana y volver es, repetidamente, un imposible lejano, la utopía que se corre unos pasos mientras la perseguimos ciegas, inundadas.
La Paz, sabemos, no existe. Todo es cuesta arriba y lo enfrentamos, cargadas de miedo y luz. Nuestros pulmones amenazan con abandonarnos, el cabello roza al piso, la columna vertebral se quiebra, la cabeza late, se extravían muchas variables y razones.

La belleza universal nos dejó atrás, como a ellos, quien sabe, hace varios siglos. No dejamos de asombrarnos por lo indefinido del tiempo, El Alto y su bajeza nos paralizan los sentidos, las luces nos devuelven imágenes milenarias, desamparadas.

Las voces que escuchamos son caminos que alguna vez recorrimos y olvidamos. Las parodiamos, nos revolcamos en ellas: luego nos sentamos a descansarlas un rato.

Intentando capturar todo creemos que es imposible. Perseveramos. Así nos dijeron que era y al fin y al cabo la historia habla, en este suelo que trastabillamos, de la perpetuidad y la trascendencia (con fortuna, alguna vez) sobre el avance de valores ajenos en un pedazo de tierra adorada y el aire empalagoso de las montañas.

En este lugar las paredes gritan.

Leemos y leemos y cada tanto hablamos. No entendemos, cuesta admitirlo, prácticamente nada.

Nos mezclaron con ingredientes que no conocemos, humanos, venenosos y extranjeros. Estamos hechas de letras que nos dicen pero que no pronunciamos, nos animamos a beber en bolsita y nos sentimos libres, por una vez, caóticas, apartadas de las categorías o el tiempo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Ayer cuando el pasto estaba en la tierra y nosotros mucho mas arriba y los cigarrillos me fumaban a mi, te acordas, Rayuela y los caprichos, cada vez que alzaba la mirada te veía entero, de espaldas a ese reducto finito, esa utilería que era el mundo, el pretexto necesario pero no suficiente para que existamos y las rodillas que dolían y los mosquitos y el amor
también me mantenía ocupada la destreza que nos posee cuando somos lo que somos, esa capacidad infalible de ver el mundo al reves o de destruir el montaje y cabalgar entre risas,
no esperamos la recompensa del futuro, vos ya me lo dijiste con letras y brazos, nos excita tanto suponer que podríamos no habernos encontrado, nos enmarañamos y les preguntamos a las combinatorias de la vida por qué tan así nos arrastraron a julian lagos una vez como tantas otras, les decimos cómo y para qué y ahora entonces qué
nuestro amor es lo que no se dice, el nudo en la garganta que solo es nudo, el miedo encandilado por semejante luz, la atracción inexplicable que nos atraviesa vulnerables desde la luna hasta el sol de la mañana, la bondad que no existe, un par de ojos mojados
yo creo en tu perfeccion sabiendo que alguna vez voy a quebrarla
y creo sobre todo en la verdad de tu mirada que se me aproxima inmensa

sabiendo que alguna vez quizas no sea ella y mi corazón esté mareado
somos a la vez y tantas veces el pasado, los veranos de limón que olvidamos, el cinismo de haber crecido mucho y de haber aprendido quién sabe, no tanto
yo te encontré buscando soledad y ahí estabas, con tu hermosura a cuestas me abrazaste y te corriste, inocente, a un costado
te amo por este presente extenso lleno de flores y libertad, por artaud, por espalda, por espejo, por esta ilusión combativa, terminal, que me crece y que me salva, por el horizonte amargo del dolor que empujás tan lejos.

domingo, 17 de enero de 2010

desearía ser mariposa cuando cerras los ojos sobrevolarte hacerte cosquillas y que entiendas que eso es generalmente una demostración gesto o artilugio del amor
supongo me dirías entonces que entender es un exceso que los diccionarios y las categorías son instrumentos de nuestros propios demonios
pero es mentira
no lo dirías
es solo una de mis tantas proyecciones cuando no se qué tengo que ser cuando tampoco se ya qué sos y seguro por eso quien soy y mierda qué voy a ser cuando sepa todavía menos
me dirías otra vez que el amor y especialmente el tuyo hace estallar cualquier diagnostico y pronóstico y otras esdrújulas
pero es mentira
no lo dirías
y para ser sincera a veces se me da por no aceptar lo que pasó y tengo tanto miedo y tanta furia que quisiera cantártela ahora cuando sos insuficiente cuando no podes escucharla
me dirías entonces que me conoces mejor que nadie que me muerdo demasiado la piel de los labios y que me afea la cara y que estas mas feliz que nunca y que te preocupan nuestros ceños y que porqué todos te miran con cara de muerte que la vida era tomar mate en el patio no preocuparse por las cuentas del banco tatuarse hasta el huesito dulce y embarrarse a sabiendas los recovecos de las rodillas enfrentar las olas del mar y en realidad enfrentarlo todo
que esa era la verdad y ahora la sabes y paradójicamente ya no importa
pero es mentira
nunca dirías paradójicamente
y a fuerza de ser otra vez sincera algunas noches me duele pensar y sólo puedo escuchar aullidos desde tu puerta
lo se lo se
solo me resta imaginarte de mil formas recrearte en un par de hombres arder al recordarte y oir a un imposible llamándome desde ese otro mundo efímero y azul que era nuestro jardín cuando solamente había inocencias calor y tardes completas
papá te extraño tanto y quería decírtelo ahora cuando sos insuficiente cuando no podes escucharlo

domingo, 10 de enero de 2010

Sueños

Caminábamos enteros, sonrientes, mientras el sol nos embadurnaba los brazos. Nuestros pasos eran felices, ignorantes de su propio ceño; el sol nos transportaba a épocas ancestrales que sólo él había sobrevivido, donde no existían ni el Off ni el dinero, a una tierra de homo sapiens que aún no habían descubierto los registros ni las series.
El se acercó a la ventana y miró hacia abajo; yo lo noté, imposible no ver cualquier cosa que hiciera con semejante torso, un incansable buscador de sensaciones, eterno agitador de los detalles en cualquier parte del mundo donde pisaran sus largos pies. Me acerqué y reímos por la cara del marsupial y porque los padres pretenden darle de beber a los niños su mundo con un sorbete. Yo había escuchado con anterioridad las reglas topográficas sobre la infidelidad de una pareja con acento adorable y había reído por dentro porque hay cosas que no se dicen, y porque hacía tiempo que había aprendido eso. Aparentemente estaba más fina, el yoga me estaba haciendo bien, y el formol solo puede inmortalizar imágenes, es lo único que se puede conservar, pensaba y el cráneo en frente mío casi estaba de acuerdo, con su sonrisa anatómica asintiendo.
Solo se que de pronto la sala se llenó de pañuelos y algún que otro aullido casi humano y el cajón, en el centro, la madera pulida, el barniz brillante. Vi muchas cosas: ojeras y muecas, cabezas hacia abajo, cabellos nadando de grasa, movimientos. Los veía desde abajo, por lo que supe que la del ataúd era yo, pálida como siempre pero ahora por otra cosa, por mi sangre que ya no se inquietaba y por mis órganos desorganizados, próximos a desaparecer. Pude ver los rostros a mi alrededor; él ya no podía contemplarme, buscaba insectos congelados en su propio vuelo y yo, tiesa dentro de una madera que hacía las veces del arquetipo de la muerte (la inefable tecnología del homo sapiens, pensé, no pueden verla porque son parte), mis labios disfrazados de rojo, también yo, inmortalizada en mi propio vuelo. Vi a mi padre, sus ojos perdidos por el dolor. Llevaba el pantaloncito de antes, el que tenía cuando sus piernas no estaban locas y era natural escucharlo patear pelotas en el patio; a su lado, mi madre con la toca en el pelo y el rubor en las mejillas, su tronco quebrado por la angustia, se mordía las uñas, ríos de rimel mojado le recorrían el cuerpo. Entonces supe, tuve que saber, que estaban llorando mi muerte y la suya, quiero decir la de todos. Estaban llorando por sus madres y por mí, por sus amores y por mí, por nuestras mascotas enterradas en el fondo del patio y por mí, por el mundo, por sus vidas, por sus muchas desapariciones y por mí. Me hubiera gustado decirles que no tenía sentido, pero no hubiera sabido cómo ni por qué. El fatal hecho de estar dentro de un ataúd me acortaba las posibilidades, era una suerte de traqueotomía del destino: no poder decir lo que uno sabe cuando finalmente lo sabe, lo que, es menester aclarar, no pasa nunca, salvo, quizás.
Él se levantó y dijo que ya había estado bien, que quería ver las momias, que para eso había venido, y qué calor. Con dos pasos largos, desapareció del lugar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Todavía no lo creo pero titilas y me decís hola,
resultaste ser de este mundo aunque sonás a una excepción, a ese material que realmente no existe por más vuelta que una le de y por mas conjetura vana;
entonces existis y ahí estas,
un conglomerado de ternura o un par de ojos inquietantes y enormes,
por si fuera poco resulta que naciste hace tanto y hace tan cerca,
mientras yo estaba ocupada ofreciendo el tótem de mi cuello a muchas avispas y algún que otro aguijón,
tu sonrisa es una prolongación, abarca el mundo aunque te sonrojás,
es milagrosa e indecentemente buena
Te forman toda las formas, sos un mapa con montañas, ríos y hasta llanuras
Realmente desconozco como explicarlo, pero:
te inventaría toda la vida, otra vez te volvería a encontrar en cualquier zócalo de cualquier casa, en una pensión en París o en mis medias rayadas,
en un cuento de las mañanas aburridas y soleadas del 128
en cada carcajada del alma o moretón del brazo

Intento decir que ningún viaje es imposible si sos vos el del asiento de al lado,
corazoncito explotado de cerámica, de palillos y platillos,
tenés demasiado ancho el pecho,
te faltan muchos miedos para ser como yo
inesperado, iluminás como un rayo, las tinieblas del dolor.





Dedicado íntegramente al emplatado mas emplatado de todos, Sr. Leonel Ditarcio.

martes, 29 de diciembre de 2009

El alma que sufrió de ser cuerpo

Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve,
o, quizá,
sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.
Tu padeces del diáfano antropoide, allá, cerca,
donde está la tiniebla tenebrosa.
Tú das vuelta el sol, agarrándote el alma,
extendiendo tus juanes corporales
y ajustándote el cuello; eso se ve.
Tú sabes lo que te duele,
lo que te salta al anca,
lo que baja por ti con soga al suelo.
Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues,
si mueres; no lo niegues,
si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época.
Y, aunque llores, bebes,
y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo,
a tu vela tristona y a tus partes.
Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir
horriblemente,
desgraciado mono,
jovencito de Darwin,
alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio.

Y tú lo sabes a tal punto,
que lo ignoras, soltándote a llorar.
Tú, luego, has nacido: eso
también se ve de lejos, infeliz y cállate,
y soportas la calle que te dio la suerte
y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo?

Amigo mío, estás completamente
hasta el pelo, en el año treinta y ocho,
nicolás o santiago, tal o cual
estés contigo, con tu aborto o con-
migo
y cautivo en tu enorme libertad,
arrastrado por tu hércules autónomo...
Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,
es peor; no lo niegues, hermanito.

¿Qué no? ¿Qué si, pero que no?
¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he
dicho.
¡Salud! ¡Y sufre!




de "Poemas humanos", Cesar Vallejo

domingo, 20 de diciembre de 2009

Padre II

Me siento en este umbral
nuestras huellas todavía están pegadas
retorna como una ola
la orgásmica sensación
de que es posible detener este
nuestro tiempo
pero me aburre sentirlo
y me desconcentro
pensando en cuanto hace que soy mujer
y no creo en Dios ni en los noticieros

mi cuerpo te extraña con una vehemencia
que mi mente es incapaz de abarcar
y la tristeza que no sabe llegar completa
que se detiene en el momento exacto
en el que seguís enseñando
la sonrisa a pesar de todos
y mi corazón da mil vuelcos
Me siento en este umbral
que congela los paisajes
cruzo la línea de fuego
y me pongo a relatar tu historia
que ya no te pertenece
es una historia de pantanos y monstruos
que nunca supiste ahuyentar
que se volvió tu cara
y ahora es todos tus gestos
tu historia de ceño fruncido y zorzales y nidos
la llevo conmigo aunque no quiera
porque así esta hecho el mundo
porque creo que esto es crecer
una falsa evolución
la reivindicación de lo no esencial
y algunas boludeces mas
que me dijeron señores y libros
me estoy inflando tanto con todo
se me está marcando la piel
me estoy sabiendo indeseable
violenta y deslumbrada
vos que ya no creces
que te estas transformando en un niño
sentate conmigo en el umbral
te necesito para volver
alguna que otra vez
al paraíso de las paredes recien pintadas
esas que ves cuando cerras los ojos
y te decimos que no existen
el paraíso donde la conciencia pasa inadvertida
y vivir es
solemne y descabelladamente
jugar, amar y confundir.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Julito

Cada reunión de gerentes internacionales, de hombres-de-ciencia, cada nuevo satélite artificial, hormona o reactor atómico aplastan un poco mas nuestras falaces esperanzas. El reino será de material plástico, es un hecho. Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana; será mucho peor, sera un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una delicada atención del servicio nacional de higiene, con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales pare los habitantes del Reijavik, vistas de iglus para los de La Habana, compensaciones sutiles que conformaran todas las rebeldías, etcétera.
Es decir un mundo satisfactorio pare gentes razonables.
¿Y quedará en el alguien, uno solo, que no sea razonable?
Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.

martes, 8 de diciembre de 2009

Viejo divino dónde vas

Quisiera encontrarte alguna vez, y cuando digo alguna vez digo cuando ya no sea posible, cuando ya no existas mas que en partes mías, que seas una aparición de pantalones agujereados guiñándome un ojo, que me frenes el camino y me digas no muñeca seguí por la otra rutita, yo estoy al lado tuyo y me abraces otra vez, como recién, cuando me dijiste eso que seguro ya no recordas, pero que a la vez sí, y aunque no tenga mas explicaciones que tus ojos transparentes o tu panza para este torbellino de acido y miel que se llama lo que sos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El torturador del trébolcititititititito

" (...) Como por sobre ascuas tendrá que decir que la colocaba todos los días próxima e intocada de los rayos del sol y tenía la prolijidad de crueldad de alejarla con el avanzar de la mancha del sol. Apenas la regaba para que no muriera y en cambio la rodeaba de recipientes de agua y había inventado fieles rumores de lluvia y lloviznas vecinas que no llegaban a refrescarla. Tentar y no dar. El mundo es una mesa tendida de la Tentación con infinitos embarazos interpuestos y no menor variedad de estorbos que de cosas brindadas. El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un inmenso hacerse desear que se llama Cosmos, o mejor: la Tentación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea un hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta y niega."
de Macedonio Fernandez - "Tantalia".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Proyección

Vas en piques por la vida, a destiempo, deteniéndote en cada zócalo, tu piel es poca para tanto rayo, te replegas cuando se acercan presurosas las avalanchas de dolor y salís, altivo, descabellado, tus mejillas te gritan, todavía quieren que les digas quien sos, mientras es de noche y es de frío, las palabras nunca alcanzan, el futuro es una sombra, te subís a las baldosas con los mismos pies ahora más llenos de espasmos, el miedo sube con vos, ese agujero en tus sueños, el temor de jamás saber, efectivamente, nada, de arribar incansable a deshora, y odiar cada segundo que viviste anhelando quimeras, lisa y llanamente aborrecer tu concupiscencia, tus reverencias inútiles, todas tus bondades, solo, incompleto, obtuso, configurando utopías de cartón, soportando el rencor de nunca alcanzarle a nadie, de ser suficiente para nada.

martes, 17 de noviembre de 2009

Es inconfesable
pero la espera nunca termina
se levanta

mientras el despertador
sigue soñando,
lo arranca de un golpe
y la ama
cada segundo mucho mas
que el anterior
aunque se le esfume
aunque solo hayan sido
eso
dos ficciones
un cuento;
la incomodidad solía excitarlas
algunas alegrías no están permitidas
decían
y se miraban sucias,
delicadamente perversas,
decididamente hipócritas,
en el piso, empapadas,
sus letras:

Siempre fuiste mi futuro, mi esperanza de escapar, de entender esto que inevitablemente soy, pero que, puta, no quisiera ser. ¿Qué voy a hacer sin tu garganta? El mundo es un hielo, nadie me conoce, nadie más, daría el sol por volver a entrar en tu cuerpo, por oler tus agujeros, ¿brillan tus ojos cuando la miras? Gracias a Dios que la tormenta terminó pero ahora que hay viento, soy un escalofrío, y todo es lo que me falta, vos sabes, acá solo importa lo que sobra
La realidad es un simulacro
anteojos para ciegos
que compramos para poder ver
el delineador en la cara
los breteles rosas
mascaras, otra vez
la llave la gira
apoya en el asfalto
como todos los días
sus dos pies.




(Te quiero)

domingo, 25 de octubre de 2009

For Iu

En el medio de la pista, con mis oídos quejándose y los vasos corriendo por mis espaldas, te recordaba.
Contra todo pronóstico, apareces en los lugares más insólitos, en el reflejo del vidrio del colectivo o en las botas de una rubia cualquiera. Y es tan natural como saber que no somos iguales, que solo te acercás a mi, que soy miel, como una mosca interesada por el sabor de eso que le es ajeno, quizás innombrable y hermoso, pero lejano, más que todo, como la muerte. O que sos el sol que se escondía en mis mañanas lluviosas cuando tenía diez años, mi papá que ya no está, el coraje de saber que estoy viva porque hay dolor, mi miel hermosa e innombrable.
Se, no creas que no, que nunca voy a ser parte de tu mundo, ese que te enorgullece cuando lo nombras, lleno de alquimias y colores. No voy a ser tu renglón para escribir, tu cita a las seis, el pomo del dentífrico apretado desde abajo, los fideos que se escaparon del colador en la pileta.
La historia es más o menos así: yo interpreté en tus palabras todos los poemas y todas las canciones, a cambio expuse ante tus ojos hasta mis verrugas internas, esas llenas de líquidos negros, hediondos y sifilíticos, mis impurezas, mis suciedades, mi luz cegadora, mi amor espinado, sin significado, porque ahora se que lo lo que me une a vos no podrá explicarse nunca, es como el amarillo cuando te daba el sol en la plaza, o tu mano en mi pelvis antes de llegar al paraíso: la eternidad de cada segundo, esa que no está permitida por el solo hecho de ser verdadera. Vos sos desde entonces mi continuación, lo que voy a ser cuando ya no existas, la decepción constante por los sueños que se evaporan, el cinismo porque somos más viejos, las intrigas. Yo soy las otras mujeres a las que vas a amar sin acordarte de mí, tus fugas al infinito, cada libro que encuentres en el camino, los adioses en las estaciones de tren, las flores en cualquier jardín.
En el medio de la pista, con mis oídos quejándose y los vasos corriendo por mis espaldas, te recordaba y ahora sos letras, otra vez, mi mano que insiste en llevarme hasta donde no estás.

sábado, 17 de octubre de 2009

Te pregunté si estabas bien como siempre me mentiste tu alma es un abismo de fuego incluso ahora que la pierdo que se va y no sé decir ni mu la encuentro en todas las baldosas no se como es que ocupas todo me gustaría introyectarte o archivarte en mis células y respirarte que no te oxides con el aire que vengas corriendo hacia mí cuando esté llegando a la reja de casa que tus llaves me abran la puerta pero ya no hay llaves las manos te tiemblan me gustaría arreglarte o solamente odiar la vida que te tocó pero solo a veces lo logro porque la amo y me dicen que está bien o llorar porque no es justo porque nunca nada lo fue aunque yo creyera muy en el fondo que la muerte era solo eso una palabra dos silabas a pesar de Nietzsche o que el boomerang iba a volver y nos iba a encontrar felices de una vez que vos ibas a descansar de los miedos o que ibas a ver a mis hijos y regalarles barbas y bicicletas siempre duele todo cuando algo duele ojala te vea todas las mañanas cuando me pare en el espejo ojala te lleves las tardes los domingos mis mejillas mis abrazos donde quiera que vayas