lunes, 19 de julio de 2010
horizonte nublado
ruinas
mis segundos no saben dibujarte
mi cotidianeidad te esquiva
y aún así podes aludirte
en la barba de mi papá
en los dientes decadentes
en el cansancio y el placer amontonados
en la historia de las huellas
en el ayer
esa proyección del futuro.
sí, en el borde
por un instante
de esta conciencia edulcorada
que es la vida
de mi vida y la del mundo
me encuentro hoy sintiéndote
en soledad, (siempre voy a estar sola)
por ejemplo al abrir un libro de solfeo
y te observo
verdadera como el tiempo
enredada como el dolor
inexplicable y salada
portadora de la nada
no puedo creer en nadie
como creo en vos
nadie desea con tanta ansias
mis huesos ni mi ser
debería amarte
bendita certeza
solo por serlo por nada menos
y sin embargo te temo
me recordas lo vano del amor
la insignificancia de mis besos
el fin de todas las rutinas.
viernes, 4 de junio de 2010
Plegaria
Constante choque de los estímulos a mi piel, incapacidad proporcional de procesarlos como un todo. (Soy permeable al universo y no puedo admitirlo en sociedad). Recuerdos inverosímiles desde el pasado, retratos del tiempo. Estar parada entre una multitud hedionda y recordar, de pronto, que alguna vez el asco no existía, que alguna vez yo era ese hedor sin mí, que no fui parte del elenco de mi transformación. Sentir que todo me desborda, me oscila, y nunca logra tumbarme gracias a las pantallas del mañana. Copia infiel de mí misma: cargar el peso de la inquietud como se carga el molde de la taza del corpiño por sobre las tetas. Maldito y estético yo. Queres ser turgente y catalogable, tener talle y aunque seas (a sabiendas) un autómata innato, nunca dejarás de intentar pertenecerle a la verdad. Ciega máquina del mundo, límite de mi sensibilidad, puerta mal terminada, vana, incapaz de trabar mis adentros, ¿cuando vas a poder definirme? ¿cuándo, convencerme con tus imágenes? Se bien, no oso decírtelo en la cara: me tenés atrapada con tus encantos de línea recta, de inmortalidades y propiedades. Pero hay algunas noches (y estas letras no me dejarán mentir), en que esta contradicción que encarno me importa un bledo, en las que me quema el estómago de tus mentiras, me arden en el corazón tus palabras. Maldito repartidor de la humanidad, divisor inescrupuloso, censor de la singularidad en la tierra, globalizador eterno, organizador de subjetividades, cuánto me gustaría desconocerte íntegro, gritarte tu extranjería, correrte los velos. Ya sé, lo sé. En este juego la única extranjera es mi alma, deportada a los confines del sueño y sus formaciones, condenada a no ver la luz salvo por los resquicios que le dejas, miserable, que no alcanzan a iluminarla (pero mi alma no es poca cosa, y quizás por eso se conforma con todo y no se muere).
miércoles, 28 de abril de 2010
Depilación
viernes, 16 de abril de 2010
Ritual
Es divertido jugar, sentir que somos una pareja pero qué mentira, a lo sumo uno o muchos, pero nunca dos, nunca separados uno del otro aunque estemos en extremos opuestos en cualquier lugar. Recuerdo que un día te sentaste en mi cama, con esa cara de conejo interior que llevabas puesta, muy hermoso como sólo vos podías ser, alternando sonrisas y abrazos, de acuerdo a donde nos conducían los libros o las paredes de mi pieza. Exististe en mi habitación como un sueño de vigilia. Desde entonces, siempre sucede que al rato nos notamos inquietos, insuficientes en nuestros cuerpos y nos encastramos sin que quede un pedazo de aire en el medio de tu abdomen y el mío. Mas precisamente lo hacemos después de hablar de cosas que se dicen solas, anécdotas, el mundo (que no nos gusta o sí) de tu día y el mío, del dinero o las enfermedades terminales. Una vez que nos unificamos, que nacemos de vuelta, no sabemos bien que decir. Es ahí cuando nuestros ojos hablan, recitan poesías o cuentos maravillosos, explican sustancias indescifrables y oscuras como luces, de esas que cada tanto se ahogan un poco en su propio brillo. Nos indiferenciamos tanto que suelo confundirte conmigo, y llego a sentir (no sin asombro) que soy yo la que se está mirando con tus ojos y me veo brillante y pálida a la vez. Suelo cambiar de tema, un poco encandilada. Llega el glorioso momento entonces, en el que encuentro una excusa, que es tu espalda. La acaricio con mi mano y descubro un cordón montañoso, ondulado, lleno de historias. Me gusta transformarme en arqueóloga y descifrarla, como si buscara entender qué genética pudo hacerla tan a mi medida, que ríos corrieron en otros tiempos y la trasladaron tan cerca de mis sábanas. Lo que sigue es encontrar tu boca. Al principio la muerdo como si fuera un chicle, es divertido iniciar así el ritual. Vos te quejas y en seguida buscas la mía y finalmente aceptamos que eso era lo que queríamos, descansar en nuestros respectivos labios como si fuera un pedazo de tierra vislumbrado desde un horizonte tormentoso. Nuestras lenguas nos purifican y vaya una a saber qué neurotransmisores nos dicen qué cosas, pero todo es colores y ruidos. Me olvido de mi habitación, de vos y de mí, y ya estoy en otro lado, lejos de todo lo que me hace bien o mal. Todo esto porque me mostraste que sos (y acaso fuiste siempre) una parte de mí, que configuras mi alma y que no necesito buscarte. Y es un descubrimiento tan real que tengo que olvidarme de él, cada tanto, para poder, por ejemplo, dormir. En seguida vuelvo a vos y la habitación es una nebulosa, solo un escenario para nuestro cuerpo que se cierra cada vez más en sí mismo. Lo que sigue nunca puedo recordarlo.
domingo, 11 de abril de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
Cargamos en los hombros la certeza de estar cansadas y divertidas, secretamente en desacuerdo con casi todo.
Existir nos fue diferente a lo que anticipaban los manuales. El mundo, una melodía fuera de tono, descascarada y estéril, con breves períodos de lucidez que por lo general inventamos.
Nuestros invencibles amados caducaron, la responsabilidad incrustada en las neuronas nos lleva de las narices por las avenidas.
Vivir es siempre a las 4 de la mañana y volver es, repetidamente, un imposible lejano, la utopía que se corre unos pasos mientras la perseguimos ciegas, inundadas.
La belleza universal nos dejó atrás, como a ellos, quien sabe, hace varios siglos. No dejamos de asombrarnos por lo indefinido del tiempo, El Alto y su bajeza nos paralizan los sentidos, las luces nos devuelven imágenes milenarias, desamparadas.
Las voces que escuchamos son caminos que alguna vez recorrimos y olvidamos. Las parodiamos, nos revolcamos en ellas: luego nos sentamos a descansarlas un rato.
Intentando capturar todo creemos que es imposible. Perseveramos. Así nos dijeron que era y al fin y al cabo la historia habla, en este suelo que trastabillamos, de la perpetuidad y la trascendencia (con fortuna, alguna vez) sobre el avance de valores ajenos en un pedazo de tierra adorada y el aire empalagoso de las montañas.
En este lugar las paredes gritan.
Leemos y leemos y cada tanto hablamos. No entendemos, cuesta admitirlo, prácticamente nada.
Nos mezclaron con ingredientes que no conocemos, humanos, venenosos y extranjeros. Estamos hechas de letras que nos dicen pero que no pronunciamos, nos animamos a beber en bolsita y nos sentimos libres, por una vez, caóticas, apartadas de las categorías o el tiempo.
jueves, 18 de febrero de 2010
también me mantenía ocupada la destreza que nos posee cuando somos lo que somos, esa capacidad infalible de ver el mundo al reves o de destruir el montaje y cabalgar entre risas,
no esperamos la recompensa del futuro, vos ya me lo dijiste con letras y brazos, nos excita tanto suponer que podríamos no habernos encontrado, nos enmarañamos y les preguntamos a las combinatorias de la vida por qué tan así nos arrastraron a julian lagos una vez como tantas otras, les decimos cómo y para qué y ahora entonces qué
nuestro amor es lo que no se dice, el nudo en la garganta que solo es nudo, el miedo encandilado por semejante luz, la atracción inexplicable que nos atraviesa vulnerables desde la luna hasta el sol de la mañana, la bondad que no existe, un par de ojos mojados
yo creo en tu perfeccion sabiendo que alguna vez voy a quebrarla
y creo sobre todo en la verdad de tu mirada que se me aproxima inmensa
sabiendo que alguna vez quizas no sea ella y mi corazón esté mareado
somos a la vez y tantas veces el pasado, los veranos de limón que olvidamos, el cinismo de haber crecido mucho y de haber aprendido quién sabe, no tanto
yo te encontré buscando soledad y ahí estabas, con tu hermosura a cuestas me abrazaste y te corriste, inocente, a un costado
te amo por este presente extenso lleno de flores y libertad, por artaud, por espalda, por espejo, por esta ilusión combativa, terminal, que me crece y que me salva, por el horizonte amargo del dolor que empujás tan lejos.
