domingo, 17 de enero de 2010

desearía ser mariposa cuando cerras los ojos sobrevolarte hacerte cosquillas y que entiendas que eso es generalmente una demostración gesto o artilugio del amor
supongo me dirías entonces que entender es un exceso que los diccionarios y las categorías son instrumentos de nuestros propios demonios
pero es mentira
no lo dirías
es solo una de mis tantas proyecciones cuando no se qué tengo que ser cuando tampoco se ya qué sos y seguro por eso quien soy y mierda qué voy a ser cuando sepa todavía menos
me dirías otra vez que el amor y especialmente el tuyo hace estallar cualquier diagnostico y pronóstico y otras esdrújulas
pero es mentira
no lo dirías
y para ser sincera a veces se me da por no aceptar lo que pasó y tengo tanto miedo y tanta furia que quisiera cantártela ahora cuando sos insuficiente cuando no podes escucharla
me dirías entonces que me conoces mejor que nadie que me muerdo demasiado la piel de los labios y que me afea la cara y que estas mas feliz que nunca y que te preocupan nuestros ceños y que porqué todos te miran con cara de muerte que la vida era tomar mate en el patio no preocuparse por las cuentas del banco tatuarse hasta el huesito dulce y embarrarse a sabiendas los recovecos de las rodillas enfrentar las olas del mar y en realidad enfrentarlo todo
que esa era la verdad y ahora la sabes y paradójicamente ya no importa
pero es mentira
nunca dirías paradójicamente
y a fuerza de ser otra vez sincera algunas noches me duele pensar y sólo puedo escuchar aullidos desde tu puerta
lo se lo se
solo me resta imaginarte de mil formas recrearte en un par de hombres arder al recordarte y oir a un imposible llamándome desde ese otro mundo efímero y azul que era nuestro jardín cuando solamente había inocencias calor y tardes completas
papá te extraño tanto y quería decírtelo ahora cuando sos insuficiente cuando no podes escucharlo

domingo, 10 de enero de 2010

Sueños

Caminábamos enteros, sonrientes, mientras el sol nos embadurnaba los brazos. Nuestros pasos eran felices, ignorantes de su propio ceño; el sol nos transportaba a épocas ancestrales que sólo él había sobrevivido, donde no existían ni el Off ni el dinero, a una tierra de homo sapiens que aún no habían descubierto los registros ni las series.
El se acercó a la ventana y miró hacia abajo; yo lo noté, imposible no ver cualquier cosa que hiciera con semejante torso, un incansable buscador de sensaciones, eterno agitador de los detalles en cualquier parte del mundo donde pisaran sus largos pies. Me acerqué y reímos por la cara del marsupial y porque los padres pretenden darle de beber a los niños su mundo con un sorbete. Yo había escuchado con anterioridad las reglas topográficas sobre la infidelidad de una pareja con acento adorable y había reído por dentro porque hay cosas que no se dicen, y porque hacía tiempo que había aprendido eso. Aparentemente estaba más fina, el yoga me estaba haciendo bien, y el formol solo puede inmortalizar imágenes, es lo único que se puede conservar, pensaba y el cráneo en frente mío casi estaba de acuerdo, con su sonrisa anatómica asintiendo.
Solo se que de pronto la sala se llenó de pañuelos y algún que otro aullido casi humano y el cajón, en el centro, la madera pulida, el barniz brillante. Vi muchas cosas: ojeras y muecas, cabezas hacia abajo, cabellos nadando de grasa, movimientos. Los veía desde abajo, por lo que supe que la del ataúd era yo, pálida como siempre pero ahora por otra cosa, por mi sangre que ya no se inquietaba y por mis órganos desorganizados, próximos a desaparecer. Pude ver los rostros a mi alrededor; él ya no podía contemplarme, buscaba insectos congelados en su propio vuelo y yo, tiesa dentro de una madera que hacía las veces del arquetipo de la muerte (la inefable tecnología del homo sapiens, pensé, no pueden verla porque son parte), mis labios disfrazados de rojo, también yo, inmortalizada en mi propio vuelo. Vi a mi padre, sus ojos perdidos por el dolor. Llevaba el pantaloncito de antes, el que tenía cuando sus piernas no estaban locas y era natural escucharlo patear pelotas en el patio; a su lado, mi madre con la toca en el pelo y el rubor en las mejillas, su tronco quebrado por la angustia, se mordía las uñas, ríos de rimel mojado le recorrían el cuerpo. Entonces supe, tuve que saber, que estaban llorando mi muerte y la suya, quiero decir la de todos. Estaban llorando por sus madres y por mí, por sus amores y por mí, por nuestras mascotas enterradas en el fondo del patio y por mí, por el mundo, por sus vidas, por sus muchas desapariciones y por mí. Me hubiera gustado decirles que no tenía sentido, pero no hubiera sabido cómo ni por qué. El fatal hecho de estar dentro de un ataúd me acortaba las posibilidades, era una suerte de traqueotomía del destino: no poder decir lo que uno sabe cuando finalmente lo sabe, lo que, es menester aclarar, no pasa nunca, salvo, quizás.
Él se levantó y dijo que ya había estado bien, que quería ver las momias, que para eso había venido, y qué calor. Con dos pasos largos, desapareció del lugar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Todavía no lo creo pero titilas y me decís hola,
resultaste ser de este mundo aunque sonás a una excepción, a ese material que realmente no existe por más vuelta que una le de y por mas conjetura vana;
entonces existis y ahí estas,
un conglomerado de ternura o un par de ojos inquietantes y enormes,
por si fuera poco resulta que naciste hace tanto y hace tan cerca,
mientras yo estaba ocupada ofreciendo el tótem de mi cuello a muchas avispas y algún que otro aguijón,
tu sonrisa es una prolongación, abarca el mundo aunque te sonrojás,
es milagrosa e indecentemente buena
Te forman toda las formas, sos un mapa con montañas, ríos y hasta llanuras
Realmente desconozco como explicarlo, pero:
te inventaría toda la vida, otra vez te volvería a encontrar en cualquier zócalo de cualquier casa, en una pensión en París o en mis medias rayadas,
en un cuento de las mañanas aburridas y soleadas del 128
en cada carcajada del alma o moretón del brazo

Intento decir que ningún viaje es imposible si sos vos el del asiento de al lado,
corazoncito explotado de cerámica, de palillos y platillos,
tenés demasiado ancho el pecho,
te faltan muchos miedos para ser como yo
inesperado, iluminás como un rayo, las tinieblas del dolor.





Dedicado íntegramente al emplatado mas emplatado de todos, Sr. Leonel Ditarcio.

martes, 29 de diciembre de 2009

El alma que sufrió de ser cuerpo

Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve,
o, quizá,
sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.
Tu padeces del diáfano antropoide, allá, cerca,
donde está la tiniebla tenebrosa.
Tú das vuelta el sol, agarrándote el alma,
extendiendo tus juanes corporales
y ajustándote el cuello; eso se ve.
Tú sabes lo que te duele,
lo que te salta al anca,
lo que baja por ti con soga al suelo.
Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues,
si mueres; no lo niegues,
si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época.
Y, aunque llores, bebes,
y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo,
a tu vela tristona y a tus partes.
Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir
horriblemente,
desgraciado mono,
jovencito de Darwin,
alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio.

Y tú lo sabes a tal punto,
que lo ignoras, soltándote a llorar.
Tú, luego, has nacido: eso
también se ve de lejos, infeliz y cállate,
y soportas la calle que te dio la suerte
y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo?

Amigo mío, estás completamente
hasta el pelo, en el año treinta y ocho,
nicolás o santiago, tal o cual
estés contigo, con tu aborto o con-
migo
y cautivo en tu enorme libertad,
arrastrado por tu hércules autónomo...
Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,
es peor; no lo niegues, hermanito.

¿Qué no? ¿Qué si, pero que no?
¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he
dicho.
¡Salud! ¡Y sufre!




de "Poemas humanos", Cesar Vallejo

domingo, 20 de diciembre de 2009

Padre II

Me siento en este umbral
nuestras huellas todavía están pegadas
retorna como una ola
la orgásmica sensación
de que es posible detener este
nuestro tiempo
pero me aburre sentirlo
y me desconcentro
pensando en cuanto hace que soy mujer
y no creo en Dios ni en los noticieros

mi cuerpo te extraña con una vehemencia
que mi mente es incapaz de abarcar
y la tristeza que no sabe llegar completa
que se detiene en el momento exacto
en el que seguís enseñando
la sonrisa a pesar de todos
y mi corazón da mil vuelcos
Me siento en este umbral
que congela los paisajes
cruzo la línea de fuego
y me pongo a relatar tu historia
que ya no te pertenece
es una historia de pantanos y monstruos
que nunca supiste ahuyentar
que se volvió tu cara
y ahora es todos tus gestos
tu historia de ceño fruncido y zorzales y nidos
la llevo conmigo aunque no quiera
porque así esta hecho el mundo
porque creo que esto es crecer
una falsa evolución
la reivindicación de lo no esencial
y algunas boludeces mas
que me dijeron señores y libros
me estoy inflando tanto con todo
se me está marcando la piel
me estoy sabiendo indeseable
violenta y deslumbrada
vos que ya no creces
que te estas transformando en un niño
sentate conmigo en el umbral
te necesito para volver
alguna que otra vez
al paraíso de las paredes recien pintadas
esas que ves cuando cerras los ojos
y te decimos que no existen
el paraíso donde la conciencia pasa inadvertida
y vivir es
solemne y descabelladamente
jugar, amar y confundir.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Julito

Cada reunión de gerentes internacionales, de hombres-de-ciencia, cada nuevo satélite artificial, hormona o reactor atómico aplastan un poco mas nuestras falaces esperanzas. El reino será de material plástico, es un hecho. Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana; será mucho peor, sera un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una delicada atención del servicio nacional de higiene, con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales pare los habitantes del Reijavik, vistas de iglus para los de La Habana, compensaciones sutiles que conformaran todas las rebeldías, etcétera.
Es decir un mundo satisfactorio pare gentes razonables.
¿Y quedará en el alguien, uno solo, que no sea razonable?
Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.

martes, 8 de diciembre de 2009

Viejo divino dónde vas

Quisiera encontrarte alguna vez, y cuando digo alguna vez digo cuando ya no sea posible, cuando ya no existas mas que en partes mías, que seas una aparición de pantalones agujereados guiñándome un ojo, que me frenes el camino y me digas no muñeca seguí por la otra rutita, yo estoy al lado tuyo y me abraces otra vez, como recién, cuando me dijiste eso que seguro ya no recordas, pero que a la vez sí, y aunque no tenga mas explicaciones que tus ojos transparentes o tu panza para este torbellino de acido y miel que se llama lo que sos.